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Entrevista con Fernando Calero

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Fernando Calero Aparicio es consultor del Compromiso por una Televisión de Calidad para la Infancia en Colombia, en el tema de regulación. Se ha desempeñado como Investigador y asesor para diversas organizaciones y ha ocupado cargos directivos en la oficina de Planeación
de la Comisión Nacional de Televisión de Colombia -CNTV, la Asociación de Televisión Educativa Iberoamericana -ATEI, el Instituto Nacional de Radio y Televisión -INRAVISION y el canal regional de
Televisión para el Suroccidente Colombiano-
Telepacífico. En la actualidad es profesor y dirige las Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana en Cali, Colombia.

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Entrevista concedida por Fernando Calero a La Iniciativa de Comunicación en el marco del evento Televisión de Calidad. IV Muestra y Seminario Internacional "Compromiso por una TV de Calidad para la Infancia en Colombia"

La Iniciativa de Comunicación, CILA: en su presentación durante el evento Televisión de Calidad 2005, se refirió a la regulación como un “acuerdo entre todos”. ¿El Compromiso por una Televisión de Calidad para la Infancia podría ser una base para lograr este acuerdo en Colombia?

Fernando Calero: Primero habría que hablar de lo que entendemos por regulación y de sus transformaciones. En Colombia, inicialmente, la regulación estaba centralizada, así como la operación del servicio e incluso la programación; en ese sentido, no había conflicto.

Hoy en día eso ha cambiado por varios factores: por aparecer un nuevo modelo, por tener autonomía la regulación como tal, y por una especie de circunstancia histórica que surge en los 80, que es la desregulación. Parecería como si la desregulación fuera la opuesto a la regulación, y resulta que no es así, no es lo opuesto a, sino que hoy se está entendiendo, después de casi dos décadas de este movimiento, que lo que se necesita es una serie de compromisos en diferentes instancias empezando por el mismo Estado, que incluyan a los operadores y donde obviamente tiene que estar involucrada la sociedad civil. En estas nuevas formas de compromiso un componente esencial es la ética en la prestación del servicio de televisión.

Esto es un proceso difícil; al pasar de una regulación impuesta por el Estado, hacia el mercado, hacia una regulación “dirigida” o entendida como parte del Estado, se abren nuevas posibilidades y surge la competencia. En teoría se supone que venga la calidad, mejores precios, mejores ofertas a los usuarios; pero a veces todo esto no es así y lo que pasa, y que es trágico, diría yo, para la televisión infantil, es que la competencia se limita a buscar las mayores utilidades posibles.

Además, las nuevas libertades surgidas en el paso de la regulación a la desregulación , generaron cierto "desorden" que hizo evidente la necesidad de establecer unas bases comunes, de aceptación voluntaria, pero de cumplimiento para todos, es decir, la autorregulación. Infortunadamente, la autorregulación no ha sido muy exitosa tampoco.

La tendencia en Europa actualmente es la búsqueda de nuevas fórmulas relacionadas con la formación y capacitación en ética, en principios básicos, entender que las audiencias no son números solamente, que hay un compromiso, unos pactos sociales, de formación ciudadana, que son importantes y que la competencia no puede estar por encima de ellos. Eso puede sonar abstracto, pero en este evento se ha hecho evidente que hay prácticas que se pueden aplicar para lograrlo.

Entonces, se necesita el marco legislativo, se necesita desde luego el mercado, pero con una autorregulación con principios básicos, donde existan instancias como los famosos “ombusdman” o defensores de los televidentes, donde haya unos libros de estilo claros, códigos de ética para la prestación de servicio, entre otras condiciones. Y se necesita que estas surjan como un compromiso de prestación de este servicio, que es público, ante todo.

Hoy en día también se habla de la corregulación, una serie de principios y normas donde la autorregulación tiene su papel, pero existe una cooperación que funciona por niveles. Es decir, se parte de la autorregulación, pero si esta no se cumple, se pasa a las instancias máximas, jurídicas o regulatorias que existan.

En ese contexto, es importante el reconocimiento por parte del Estado de los principios relacionados con los derechos humanos y con los compromisos que se han adquirido a nivel internacional, o que están consignados en la Constitución y que, en este caso, que tienen que ver con la infancia. Pero esto debe ocurrir como un compromiso de toda la sociedad. Ahí es clave, por ejemplo, el papel de los usuarios: si ellos no le exigen a los operadores, “la feria sigue como va” y quien impone las reglas de la feria es quien está mandando.

Todo esto para decir que yo creo que hay que ir hacia la corregulación, donde haya un papel importante de los operadores y las audiencias.

Una base fundamental para la corregulación, es que finalmente lo que dirime cualquier diferencia o conflicto son las instancias judiciales; pero más allá de esto, es importante que los entes reguladores puedan tener los suficientes fundamentos para decir que algo no está funcionando y las razones por las cuales no está funcionado; eso se debe hacer “objetivamente”, es decir, con investigación, con seguimiento y con evaluación; ver que es lo que quiere la gente, que es lo que preocupa a los padres, lo que a los niños les satisface. A la vez es fundamental la formación de valores.

Lo que estamos buscando es construir un ser nacional que empiece por la infancia. Esto no es difícil alcanzar, pero requiere de un proceso de formación que necesita voluntad política.

CILA: En ese proceso, ¿qué papel juegan las audiencias, la gente en general? ¿Existen los mecanismos efectivos para su participación?

F.C.: En ese punto se deben tener en cuenta varios factores. Uno, es la formación en medios; que la gente sepa que los medios son más que la pantalla y que ellos pueden asumir un rol activo. Esto se puede lograr a través de la escuela y también lo puede hacer la Comisión gestando una serie de movimientos; el caso de la Veeduría de la Comunicación de Perú es una muestra de este tipo de movilización ciudadana para construir espacios diferentes, o sea que sí se puede hacer.

Otro punto es facilitar el acceso a toda la información, de modo que esté disponible para quien quiera consultarla. Y decirle a la gente donde está, a través de la misma televisión, la prensa, las páginas web.

Existen múltiples ideas, no hay una receta, pero sí hay mecanismos. Un padre que no está de acuerdo con la televisión que están recibiendo sus hijos y no se queja es irresponsable, pero si no tiene a donde acudir, si la gente no tiene las posibilidades de manifestarse, ya es otra cosa. Por ejemplo, en otros países es requisito hacer pública una sinopsis de cada programa y una recomendación para verlo. Eso estimula la participación activa de la gente para saber como va induciendo el consumo televisivo de sus hijos y el propio.

Para hacer esto tenemos un ente regulador, se requiere algo de dinero y, como dije antes, voluntad política; aunque creo que lo más importante es la voluntad política.

CILA: Al igual que el Consejo Nacional de Televisión de Chile, el colombiano está planteado como un organismo no solamente de fiscalización, sino también de fomento, investigación, educación, ¿cuál es el diagnóstico de cumplimiento de esas funciones en el país?

F.C.: Existen muchas formas de fomento. Por ejemplo en los países europeos la prestación de un servicio público, implica fomento por tratarse de la concesión de algo a lo cual no todo el mundo tiene acceso o posibilidad, como es el uso de frecuencias, de espacios importantes de distribución, que lleva implícita una posición privilegiada. Hay otras formas de fomento, como las cuestiones fiscales, subsidios, o directamente como hace el Consejo de Chile, tener un fondo donde todo el mundo puede concursar para proponer televisión considerada como de calidad y los programas ganadores son transmitidos.

Otro ejemplo, es el caso del Canadá: en la medida en que hay más programación de niños el porcentaje de fomento se va reduciendo o se amplía la comercialización en ciertos espacios de manera que haya un beneficio específico para los niños.

La existencia de diversas clases de fomento es lo que podemos denominar una regulación positiva; esto implica una concepción más profunda de lo que es la regulación en términos generales. Al hablar de regulación positiva estamos añadiendo además del factor jurídico y económico, algo más: la participación ciudadana constante, efectiva, con mucha disposición. Es decir, propiciar la disponibilidad del ejercicio de la sociedad civil movilizándola hacia la televisión, en este caso, hacia la infantil.

CILA: ¿Cuáles cree que deben ser los principales cambios en regulación que se deben dar en Colombia para lograr esa regulación positiva?

F.C.: Creo que lo importante es buscar alternativas de regulación o corregulación que no sean impuestas, sino con la participación de todos los actores pertinentes y teniendo en cuenta que la Constitución dice que tenemos que proteger a los niños sobre todo.

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