Reducir la mortalidad infantil... ¿Puede lograrlo la salud pública?
Resumen
Este documento destaca la importancia de separar intervenciones biológicas o comportamentales, de los sistemas de prestación de servicios requeridos para ponerlas en marcha, y destaca la necesidad de adecuar las estrategias de prestación de servicios al desarrollo del sistema de salud. Revisa iniciativas recientes en salud infantil y discute aspectos esenciales de los sistemas de prestación de servicios .
El artículohace una exposición de los datos que apoyan la afirmación de que las intervenciones relacionadas con supervivencia infantil no están llegando a quienes más las necesitan. Los autores exploran en detalle las implicaciones de la aproximación AIEPI (Atención Integrada a Enfermedades Prevalentes de la Infancia), una estrategia de prestación de servicios adoptada por más de 100 países de bajos y medianos ingresos hacia finales del año 2000, y analizan por qué menos de la mitad de esos países ha avanzado a niveles más altos de cobertura. La AIEPI comprende la creación de directrices para ayudar a manejar el cuidado de un niño enfermo en un centro de cuidados de primer nivel, lo mismo que a los niveles de hogar, comunidad y hospitales. Aunque la “capacitación de trabajadores de la salud en países que han implementado AIEPI ha tenido efectos positivos cuando la capacitación ha incluido prácticas en las clínicas, suficientes capacitadores y el uso de materiales relevantes a la cultura y el idioma local”, la mayoría de la evidencia sugiere que “los esfuerzos dirigidos a la implementación no han sido suficientes, especialmente en relación con el fortalecimiento de los sistemas de salud y el cambio de comportamientos clave a los niveles de familia y comunidad”.
Existen algunas estrategias de prestación de servicios exitosas, sin embargo, y los autores presentan unos pocos estudios de caso para mostrar qué funciona y por qué. Para citar sólo uno, un proyecto de pequeña escala, muy eficiente en costos en Guatemala, tuvo como resultado un descenso en mortalidad infantil de 139 a 28 muertes por 1000 nacimientos, y en la mortalidad de niños entre los 1 y los 4 años, de 28 a 6 muertes por 1000 nacimientos – esto en un período de tres años. Trabajadores de la salud recibieron -en su lugar de trabajo- capacitación sobre el manejo de enfermedades infantiles comunes, mediante protocolos adaptados a las condiciones locales. La supervisión por trabajadores de la salud más experimentados estaba adaptada, en frecuencia y contenidos, a las necesidades de cada uno de los trabajadores. Los éxitos del programa fueron atribuidos a su adaptación a las circunstancias epidemiológicas y de la comunidad, a la continua capacitación y estímulo de los trabajadores, y a los aumentos en el uso de los servicios de salud que generó. En general, los autores sugieren que muy diferentes aproximaciones pueden ser efectivas y sostenibles si están bien adaptadas al contexto en el que se las implementa, y si están administradas en forma competente.
Con base en estos estudios, los autores resaltan 5 estrategias para alcanzar y mantener una cobertura alta y equitativa:
El artículohace una exposición de los datos que apoyan la afirmación de que las intervenciones relacionadas con supervivencia infantil no están llegando a quienes más las necesitan. Los autores exploran en detalle las implicaciones de la aproximación AIEPI (Atención Integrada a Enfermedades Prevalentes de la Infancia), una estrategia de prestación de servicios adoptada por más de 100 países de bajos y medianos ingresos hacia finales del año 2000, y analizan por qué menos de la mitad de esos países ha avanzado a niveles más altos de cobertura. La AIEPI comprende la creación de directrices para ayudar a manejar el cuidado de un niño enfermo en un centro de cuidados de primer nivel, lo mismo que a los niveles de hogar, comunidad y hospitales. Aunque la “capacitación de trabajadores de la salud en países que han implementado AIEPI ha tenido efectos positivos cuando la capacitación ha incluido prácticas en las clínicas, suficientes capacitadores y el uso de materiales relevantes a la cultura y el idioma local”, la mayoría de la evidencia sugiere que “los esfuerzos dirigidos a la implementación no han sido suficientes, especialmente en relación con el fortalecimiento de los sistemas de salud y el cambio de comportamientos clave a los niveles de familia y comunidad”.
Existen algunas estrategias de prestación de servicios exitosas, sin embargo, y los autores presentan unos pocos estudios de caso para mostrar qué funciona y por qué. Para citar sólo uno, un proyecto de pequeña escala, muy eficiente en costos en Guatemala, tuvo como resultado un descenso en mortalidad infantil de 139 a 28 muertes por 1000 nacimientos, y en la mortalidad de niños entre los 1 y los 4 años, de 28 a 6 muertes por 1000 nacimientos – esto en un período de tres años. Trabajadores de la salud recibieron -en su lugar de trabajo- capacitación sobre el manejo de enfermedades infantiles comunes, mediante protocolos adaptados a las condiciones locales. La supervisión por trabajadores de la salud más experimentados estaba adaptada, en frecuencia y contenidos, a las necesidades de cada uno de los trabajadores. Los éxitos del programa fueron atribuidos a su adaptación a las circunstancias epidemiológicas y de la comunidad, a la continua capacitación y estímulo de los trabajadores, y a los aumentos en el uso de los servicios de salud que generó. En general, los autores sugieren que muy diferentes aproximaciones pueden ser efectivas y sostenibles si están bien adaptadas al contexto en el que se las implementa, y si están administradas en forma competente.
Con base en estos estudios, los autores resaltan 5 estrategias para alcanzar y mantener una cobertura alta y equitativa:
- Obtener información local sobre epidemiología, capacidad de los sistemas de salud, y preferencias de la comunidad – y presentar esta información en un formato útil para los encargados de planear el programa. (Esto puede implicar que los administradores de salud deban ser capacitados en la recolección y el análisis de información.)
- Basar las intervenciones a nivel de comunidad o centro de salud en criterios importantes localmente, y combinar en las intervenciones la prestación del servicio y la integración técnica.
- Evaluar estrategias alternativas de prestación del servicio, y crear capacidad para tomar decisiones estratégicas a nivel del país y a otros niveles inferiores.
- Diseñar la oferta para que supla la demanda y responda a las necesidades fomentando, por ejemplo, la coordinación entre los programas y haciéndole seguimiento a la medida en que se le está llegando a la población a la que se quiere llegar.
- Fortalecer los sistemas nacionales de salud como una meta de mediano y largo plazo, e integrar estrategias basadas en la comunidad (tales como empaques con jeringas de una sola dosis) con esfuerzos basados en el sistema de salud, para aumentar su capacidad.
Fuente
Tomado de The Communication Intiative. Traducción libre de La Iniciativa de Comunicación.
Este documento destaca la importancia de separar intervenciones biológicas o comportamentales, de los sistemas de prestación de servicios requeridos para ponerlas en marcha, y destaca la necesidad de adecuar las estrategias de prestación de servicios al desarrollo del sistema de salud. Revisa iniciativas recientes en salud infantil y discute aspectos esenciales de los sistemas de prestación de servicios .
El artículohace una exposición de los datos que apoyan la afirmación de que las intervenciones relacionadas con supervivencia infantil no están llegando a quienes más las necesitan. Los autores exploran en detalle las implicaciones de la aproximación AIEPI (Atención Integrada a Enfermedades Prevalentes de la Infancia), una estrategia de prestación de servicios adoptada por más de 100 países de bajos y medianos ingresos hacia finales del año 2000, y analizan por qué menos de la mitad de esos países ha avanzado a niveles más altos de cobertura. La AIEPI comprende la creación de directrices para ayudar a manejar el cuidado de un niño enfermo en un centro de cuidados de primer nivel, lo mismo que a los niveles de hogar, comunidad y hospitales. Aunque la “capacitación de trabajadores de la salud en países que han implementado AIEPI ha tenido efectos positivos cuando la capacitación ha incluido prácticas en las clínicas, suficientes capacitadores y el uso de materiales relevantes a la cultura y el idioma local”, la mayoría de la evidencia sugiere que “los esfuerzos dirigidos a la implementación no han sido suficientes, especialmente en relación con el fortalecimiento de los sistemas de salud y el cambio de comportamientos clave a los niveles de familia y comunidad”.
Existen algunas estrategias de prestación de servicios exitosas, sin embargo, y los autores presentan unos pocos estudios de caso para mostrar qué funciona y por qué. Para citar sólo uno, un proyecto de pequeña escala, muy eficiente en costos en Guatemala, tuvo como resultado un descenso en mortalidad infantil de 139 a 28 muertes por 1000 nacimientos, y en la mortalidad de niños entre los 1 y los 4 años, de 28 a 6 muertes por 1000 nacimientos – esto en un período de tres años. Trabajadores de la salud recibieron -en su lugar de trabajo- capacitación sobre el manejo de enfermedades infantiles comunes, mediante protocolos adaptados a las condiciones locales. La supervisión por trabajadores de la salud más experimentados estaba adaptada, en frecuencia y contenidos, a las necesidades de cada uno de los trabajadores. Los éxitos del programa fueron atribuidos a su adaptación a las circunstancias epidemiológicas y de la comunidad, a la continua capacitación y estímulo de los trabajadores, y a los aumentos en el uso de los servicios de salud que generó. En general, los autores sugieren que muy diferentes aproximaciones pueden ser efectivas y sostenibles si están bien adaptadas al contexto en el que se las implementa, y si están administradas en forma competente.
Con base en estos estudios, los autores resaltan 5 estrategias para alcanzar y mantener una cobertura alta y equitativa:
El artículohace una exposición de los datos que apoyan la afirmación de que las intervenciones relacionadas con supervivencia infantil no están llegando a quienes más las necesitan. Los autores exploran en detalle las implicaciones de la aproximación AIEPI (Atención Integrada a Enfermedades Prevalentes de la Infancia), una estrategia de prestación de servicios adoptada por más de 100 países de bajos y medianos ingresos hacia finales del año 2000, y analizan por qué menos de la mitad de esos países ha avanzado a niveles más altos de cobertura. La AIEPI comprende la creación de directrices para ayudar a manejar el cuidado de un niño enfermo en un centro de cuidados de primer nivel, lo mismo que a los niveles de hogar, comunidad y hospitales. Aunque la “capacitación de trabajadores de la salud en países que han implementado AIEPI ha tenido efectos positivos cuando la capacitación ha incluido prácticas en las clínicas, suficientes capacitadores y el uso de materiales relevantes a la cultura y el idioma local”, la mayoría de la evidencia sugiere que “los esfuerzos dirigidos a la implementación no han sido suficientes, especialmente en relación con el fortalecimiento de los sistemas de salud y el cambio de comportamientos clave a los niveles de familia y comunidad”.
Existen algunas estrategias de prestación de servicios exitosas, sin embargo, y los autores presentan unos pocos estudios de caso para mostrar qué funciona y por qué. Para citar sólo uno, un proyecto de pequeña escala, muy eficiente en costos en Guatemala, tuvo como resultado un descenso en mortalidad infantil de 139 a 28 muertes por 1000 nacimientos, y en la mortalidad de niños entre los 1 y los 4 años, de 28 a 6 muertes por 1000 nacimientos – esto en un período de tres años. Trabajadores de la salud recibieron -en su lugar de trabajo- capacitación sobre el manejo de enfermedades infantiles comunes, mediante protocolos adaptados a las condiciones locales. La supervisión por trabajadores de la salud más experimentados estaba adaptada, en frecuencia y contenidos, a las necesidades de cada uno de los trabajadores. Los éxitos del programa fueron atribuidos a su adaptación a las circunstancias epidemiológicas y de la comunidad, a la continua capacitación y estímulo de los trabajadores, y a los aumentos en el uso de los servicios de salud que generó. En general, los autores sugieren que muy diferentes aproximaciones pueden ser efectivas y sostenibles si están bien adaptadas al contexto en el que se las implementa, y si están administradas en forma competente.
Con base en estos estudios, los autores resaltan 5 estrategias para alcanzar y mantener una cobertura alta y equitativa:
- Obtener información local sobre epidemiología, capacidad de los sistemas de salud, y preferencias de la comunidad – y presentar esta información en un formato útil para los encargados de planear el programa. (Esto puede implicar que los administradores de salud deban ser capacitados en la recolección y el análisis de información.)
- Basar las intervenciones a nivel de comunidad o centro de salud en criterios importantes localmente, y combinar en las intervenciones la prestación del servicio y la integración técnica.
- Evaluar estrategias alternativas de prestación del servicio, y crear capacidad para tomar decisiones estratégicas a nivel del país y a otros niveles inferiores.
- Diseñar la oferta para que supla la demanda y responda a las necesidades fomentando, por ejemplo, la coordinación entre los programas y haciéndole seguimiento a la medida en que se le está llegando a la población a la que se quiere llegar.
- Fortalecer los sistemas nacionales de salud como una meta de mediano y largo plazo, e integrar estrategias basadas en la comunidad (tales como empaques con jeringas de una sola dosis) con esfuerzos basados en el sistema de salud, para aumentar su capacidad.
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